Día 7: Rada Tilly
Hablar de viento en Buenos Aires, no tiene sentido. Viento, viento de verdad, es el que corre en Comodoro Rivadavia y en Rada Tilly, y el de más al sur. Algunas ráfagas me hicieron pensar que me podrían llegar a voltear la moto…
Sin ganas de salir con este día, me quedé en el camping.
Me hice amigo de Juan Carlos, que también anda solo, pero él producto de una reciente separación. Se vino a Rada Tilly en una camioneta. Enseguida pegamos onda porque él compite en cross y enduro en una Honda 250. Si me quedo unos días más, me ofreció subir la moto en la camio y dejarme en Río Gallegos. La oferta tienta, más que nada por compartir con alguien, pero si mañana está lindo me voy y él, si está lindo, se queda.
A un amiguito –David– le presté la notalibro y se envició con los jueguitos del caralibro. Lo único que lamento de la portátil es que sopló un montón de viento con arena y cenizas…
A la tarde nos pusimos a cocinar con un matrimonio jipi del Valle de Río Negro. Eran jipis de verdad, no esos nabos de Plaza Francia que compran chucherías chinas y las venden. Se pasan todo el años trenzando esas cosas que hacen y usan los jipis y después las venden durante la temporada.
Yo pagué el hielo y el jipi puso el vino, y se armó la guitarreada mientras se cocinaba la tortilla.
Al atardecer cayeron al camping dos locos que andan viajando en dos Zanella 125. Las tenían súper equipadas. Dejaron el trabajo y con la guita ahorrada se largaron a viajar hacia el sur, para después subir por la 40 hasta Mendoza y, de ahí, cruzar a Chile.
viento en Rada...
Juan Carlos y el jipi
Quincho de Rada
Mi amigo David
Las 125
Día 8: Piedrabuena
El día de hoy fue invertido en su totalidad en avanzar hacia Ushuaia. Arranqué a eso de las 8:30 de la mañana y me bajé a las 20:00 en Piedra Buena.
En medio del camino me detuve a comer en una YPF, donde se me acercó un flaco que viajaba con su familia. Era de Río Grande y me dijo que andaba en una Sahel 200. Por la mañana me despedí de mi joven amigo David, y arranqué con rumbo a Caleta Olivia. Los vientos, otra vez, fueron intensos. Cargué de nuevo nafta en la entrada de Caleta y me dirigí al único atractivo que quería conocer del lugar: el Gorosito. Es un enorme monumento, majestuoso, al obrero petrolero. En frente del Gorosito, había rastros del paso de Almafuerte por estas tierras. Le hice el saludo del metal correspondiente, y seguí. De más está decir que me escuché todos los discos de Almafuerte durante el viaje por estas solitarias rutas a las que Iorio supo cantar.
Al otro que encontré en el camino es a un loco de Buenos Aires, que también andaba solo por las rutas. Viaja en una KLR 650, y venía de Ushuaia.
Los vientos no fueron extremadamente fuertes, pero eran intensos. Hubo tramos en que renegué con la moto a 70/75 km/h. Hacia la tarde, venía más o menos a 80 y, en un momento, rotó el viento y anduve cerca de una hora a 95. Te das cuenta de la fuerza del viento cuando salís de una guarda rail, porque te barré de repente la moto desde abajo.
Ya había caído el sol cuando llegué a Piedrabuena, lugar en que me alojé en el Camping Vial –altamente recomendable, no como el camping chorro de esa porquería de la ciudad llamada Las Grutas, a la que no pienso volver jamás–.
Después de bañarme y comer, estaba tan cansado que me acosté a dormir.
ALMAFUERTE en Caleta
El Gorosito
Un amigo rutero en KLR 650 viajando solo.
Día 9 Piedrabuena-Isla Pavón
Este día lo pasé entero en Piedra Buena, que es una especie de pueblito de cuentos. O más bien de historietas, porque parece dedicado en su totalidad a Patoruzú y todos sus personajes. Hay también, como en Madryn, un homenaje a ese otro incansable viajero que fue Don Quijote y su escudero Sancho Panza. De un modo moderno, los motociclistas somos un poco como esos personajes.
En el camping me saqué, como corresponde, algunas fotos con los animales del lugar: gatos, perros y un conejo negro que se llama Henry.
A la tarde me crucé a la Isla Pavón, y también tomé unas fotos. Paré para seguir leyendo el Quijote y meter los pies en el agua, que estaba helada.
"Fui elegido para cantarte
por quienes quieren olvido restarte.
Grave, pesado mas no inconciente
yo te lo mando, ex-combatiente" ALMAFUERTE
La nota bizarra del lugar: los próceres son los personajes de Quinterno...
Infaltable, Quijote.
Gato muy lindo pero que siempre andaba todo cagado.
Isla Pavón.
Henry
Isla Pavón
Día 10: Laguna Azul
Andaba casi sin agua y con poca comida, porque no pensaba parar ahí, pero decidí igual quedarme. Bajé y cagué agua de esa laguna, y me hice una sopa de avena.
Al rato cayó una pareja que vivía en Ushuaia y pensaban armar la carpa en el lugar. Ella era docente y él se había ido a vivir ahí con ella, también a dar clases. Estaban encantados, y ahora se iban de vacaciones a Buenos Aires.
Con la suerte que tengo, decidí no armar la carpa y dormir a la intemperie, pero a medianoche me despertó una llovizna que me jodió el sueño. Tiré el cubretecho de la carpa sobre la moto y me puse a dormir abajo, aunque un poco se filtraba la humedad…
Día 11: Río Grande
A la mañana puse a secar un poco las cosas que se me habían mojado y embalé las cosas para seguir.
El cruce a Chile –obligado, si se quiere ir a Tierra del Fuego, fue un parto. Estuve casi tres horas tratando para hacer el trámite, porque estaba lleno de gente. Me dijeron que era la penúltima vez que entraba a Chile, porque mi documento estaba en mal estado. Está un poco ajado, pero lo cierto es que hay una mala onda de la que fui avisado en varias oportunidades. Lo único que espero es que no me hagan problema cuando tenga que volver a entrar en mi regreso.
Las rutas chilenas están bien, pero el tramo que es obligado para cruzar a Argentina y que es muy poco usado por los chilenos es de más de 130 km de ripio. El primer encuentro lo tuve con un impresionante piedrazo que me dio en el casco, el cual, por seguridad, llevaba con el visor bajo. Muchísimos autos rompen ópticas y parabrisas, y muchos otros, confiados, se han matado en este ripio.
En mi opinión es un ripio muy bueno. Con viento a favor, lo pasé más rápido que en las rutas con viento en contra. 80-90 km/h, y en tramos rectos y sin nadie la puse, de puro vicio, a 100 km/h.
Me crucé a unos pastores de ovejas que arreaban con perros súper inteligentes, que ordenaban la manada de ovejas.
Hice noche en Río Grande, en un hotel de mala muerte que parecía un prostíbulo o un hotel alojamiento y por el cual me cobraron $130 pesos (!!) por una habitación con baño compartido… Nunca más…
A la noche me fui a comer una pizza a la vuelta y me puse a charlar con la camarera, que era una piba de Tucumán y que había llegado ahí con ganas de progresar. Todas las personas con las que hablé refieren que un obrero de fábrica gana cerca de $12000 pesos por mes. Parece que los sueldos son acá más altos que en el resto del país, pero las cosas también.
Día 12: Ushuaia
Me desperté sin reloj a las 5:30 y me puse a armar para rajar. En moto y solo me dan ganas de salir todo el tiempo a la ruta, como un vicio.
Paré, antes de salir, a cargar en la estación, y como no había abierto el Serviclub el pibe del playón me calentó agua.
Le convidé mate a un riograndense que no se cansó de putear contra los chilenos de la frontera. Mientras chequeaba el aire de las cubiertas, me reencontré con una pareja de extranjeros que había conocido en Rada. Como no encontraron lugar barato donde parar, durmieron en el auto y se cagaron de frío. Estaban volviendo de Ushuaia y me tiraron datos del lugar.
El camino a Ushuaia se pone cada vez mejor. Empiezan a aparecer los bosques de lengas, y se ven autos que paran a los costado y armar carpas en cualquier lado. El frío me tuvo a mal traer, porque en moto se complica especialmente.
Paré en Tolhuin para visitar el lago, según me recomendó un camionero. Después de dar unas vueltas, seguí viaje hacia Ushuaia. El tramo final está destruido, lleno de pozos y relleno de piedras.
En Ushuaia me alojé en un camping agreste (de esos que no tienen un carajo de nada) en el Parque Provincial Tierra del Fuego.
Mientras descansaba, se me acercó una familia a ver la moto. Resultaron ser gente muy agradable y amistosa. Uno era de Rosario y el otro de Paraguay. Se establecieron en un barrio, tipo okupas, y levantaron su “ranchito”, como dijo el paraguayo que se llama Gustavo. El otro, Juan Ramón, me regaló un par de herramientas para la moto, un chaleco reflectivo, cinta de embalar. Gente de trabajo, honesta y dispuesta a asistir. Hasta me invitaron a quedarme en su casa… Les dije que no, porque quería disfrutar del Parque, pero que al otro día los iría a visitar.
Día 13: Ushuaia
Me levanté temprano y me fui a hacer una caminata (los boludos le dicen “trequin”). Luego, me fui a sacar la foto obligada en el final de la Ruta 3, donde hay siempre cola.
El resto del día lo ocupé en pasear, conocer la ciudad, cambiarle el aceite a la moto, coser las alforjas, etc.
A la tarde, fui a visitar a las familias que conocí el día anterior. Tomé unos mates, les saqué unas fotos a los perros, y me fui.
“Me despedí, de madrugada,
de quienes a cambio de nada
me asistieron. Y fui feliz,
grata experiencia,
al compartir su solitaria resistencia” Iorio/Flavio, “Allá en Tilcara”
La foto en el final de la Ruta 3
Una Honda 300 de Brasil.
Los perros de la familia que conocí.
En el rancho de los amigos.







































































Siguiendo atentamente el viaje desde Brasil. Fuerza con los vientos!
ResponderEliminarGracias, ammigo!!! Encontré muchos amigos de Brasil en el viaje!
EliminarEnvidiable el viaje, amigo. Buenísimo.
ResponderEliminarfelicitaciones por el viaje amigo!!!
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